Con el inicio del s.XIII a.C., el reino hitita de Hatti que, convertido ya en una gran
potencia del Oriente Próximo, habia combatido durante gran parte de la centuria precedente
expandiendo las fronteras de su imperio, tuvo en la propia Anatolia varios teatros de guerra.
Entre ellos, se manifesta de forma sustancial una actividad frenética en uno de los límites
fronterizos más problemáticos del reino: la comarca montañosa del N, habitada por los
problemáticos pueblos gasgas.
La situación general en Hatti sufrió profundas modificaciones tras el cambio de siglo y
la muerte del rey Mursili II. Entre las preocupaciones de éste, siguiendo en gran parte los pasos
de su padre Suppiluliuma I, se impuso el mantener pacificadas las fronteras imperiales por todos
los medios: hacia el occidente de Anatolia frente al territorio de Arzawa y la coalición de estados
aliados luvitas; en Siria frente a Egipto, de una parte, y contra Asiria que se expandia hacia el
Eufrates hitita, de otra, sofocando además posibles rebeliones de sus estados sirios vasallos,
respaldadas por estas potencias enemigas; y, especialmente, en cuanto a la frontera septentrional
anatólica, con una permanente vigilancia sobre las primitivas poblaciones gasgas.
Sin embargo, los acontecimientos manifestaron una inestabilidad creciente con sus
sucesores inmediatos. Solo tras la actuación gravemente delictiva del príncipe Hattusili, con su
golpe de estado en toda regla, destronando a su sobrino, Urhi-Tesub/Nursili III, el Gran Rey
hitita, y accediendo al trono, se consolidó, tras un lento y complejo proceso, un nuevo período de
florecimiento para Hatti. No obstante, fue su renacer postrero como Gran Reino del II milenio
a.C.
INTRODUCCIÓN
En el año 2500 a.C. surgiron unos pequeños reinos en Anatolia (en la actual Turquía), que, en conjunto, fueron conocidos como el país de los Hatti, nombre que fue adoptado por los reyes procedentes de la gran migración indoeuropea. Estos reinos formaron pequeños principados y, poco a poco, sometieron a los pobladores del lugar. Extendieron su hegemonía, de manera que, en el año 1750 a.C., gran parte de Anatolia estaba en su poder. No se sabe con certidumbre el origen de los hititas, que ocupaban ya
hace cuatro mil años la zona donde
la península del Asia Menor se soldaba con el continente. Se les supone
provenientes del Cáucaso y su carácter montañés parece confirmarse por
el uso que hacían de las botas de
punta dobladas hacia arriba, típicas
de las gentes que deben proteger los
dedos del pie de las rocas agudas.
Fueron los hititas avezados jinetes
y gracias a este medio rápido de
transporte, que también era de combate, se extendieron por las costas del mar Mediterráneo. Hacia el año
2000 a.C conquistaron Babilonia, y por el 1400 a.C. lucharon
enconadamente con los egipcios.
PRINCIPALES REYES
El reino comenzó a expandirse con el clan de los Labarna. Los sucesores del rey Labarna I fueron unificando los pueblos y dominando a los vecinos, entre ellos, Siria, Arzawa, Alepo y Babilonia. El último de los sucesores fue Mursil I, que dominó un imperio que se extendía desde el Mar Muerto hasta el Mediterráneo. Hattusil y Mursil emprenden expansión del reino hacia oeste contra sirios y hurritas. El apegeo del poder hitita se experimentó con Subbilluliuma, que luego del retroceso vivido, logró que el imperio renaciera. Con su muerte, los países sometidos se sublevaron y la cultura fue decayendo.
ARTE Y ARQUITECTURA
La arquitectura de este pueblo era
ruda, fuerte, primitiva. Pese a ello,
algunos de los rasgos atribuidos tradicionalmente a la vivienda griega,
como el megaron, la casa con techo
a doble vertiente, son herencia de los
hititas.
ESCULTURA
Los hititas esculpían figuras de arcilla con una técnica elaborada. tallaban relieves en paredes verticales de roca viva. Los temas tratados incluyen representaciones de deidades, reyes y actividades reales, tales como banquetes y escenas de caza. Y, en los relieves esculpidos por
aquellos rudos guerreros aparecen
con los siguientes caracteres: frente
achatada, ojos algo oblicuos, con los
cráneos totalmente rasurados o con
largas trenzas recogidas sobre la espalda.
CIUDAD HATTUSA
Fue la capital del imperio. Existían fortificaciones adaptadas al terreno montañoso que servían como casas. La residencia real estaba aislada del resto de la ciudad por fuertes murallas. El templo estaba dedicado al dios de las tormentas y a la diosa solar de Arinna. Tenía varios ambientes y todo el conjunto estaba levantado sobre una plataforma, proporcionándole un aspecto monumental.
SANTUARIO DE YAZILIKAYA
Los monumentos que han dejado
no son bellos; ¡pero qué poder, qué
energía brota de los mismos! Hay en
la zona de Yazilikaya un santuario
esculpido en la roca viva con una
doble procesión de enormes relieves
que representan a dioses y diosas. La
tosquedad aparente de las figuras se
compensa con su noble majestad. Contiene relieves realizados en roca, que representan dos largas procesiones de dioses y diosas aproximándose entre sí. Encabezando los dos lados aparecen las deidades hititas más importantes: El dios tormenta y la diosa del sol.
LENGUA HITITA
LA DECADENCIA HITITA
¿Qué causas provocaron la ruina
de este pueblo? No se sabe con certeza. Lo único cierto es que hacia el
año 800 antes de nuestra era, su imperio temible había desaparecido. Y
hubo que aguardar muchos siglos
para que sus ciudades y sus templos,
sus escrituras y sus armas, surgieran
de las tumbas de polvo y olvido del
Asia Menor.




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